Ciudades CIDEU, Innovación, Movilidad

Electromovilidad: una decisión estratégica para el futuro de las ciudades iberoamericanas

La movilidad urbana es uno de los mayores desafíos que enfrentan hoy las ciudades: la congestión, la equidad en el acceso al servicio, la calidad del aire, la sostenibilidad fiscal de los sistemas de transporte y la necesidad de responder con mayor ambición a los compromisos ambientales. En este contexto, la electromovilidad ha dejado de ser una conversación técnica o una apuesta de futuro, para convertirse en una decisión estratégica sobre el tipo de ciudad que queremos construir hoy.

Hablar de electromovilidad va más allá de reemplazar buses a combustión por buses eléctricos. Implica repensar la manera en que las ciudades planifican, financian, operan y sostienen sus sistemas de transporte público. Un bus eléctrico es, por supuesto, una tecnología más limpia, silenciosa y eficiente; pero su verdadero potencial aparece cuando se integra a una visión urbana más amplia: una ciudad con mejor calidad del aire, menor exposición al ruido, servicios públicos más confiables y una movilidad más digna para todas las personas.

Mucho más que un cambio tecnológico

La electrificación del transporte público es una oportunidad para conectar la agenda ambiental con la agenda social. En América Latina, el transporte público no es un servicio accesorio: es una infraestructura esencial que permite a millones de personas acceder al empleo, la educación, la salud, el cuidado y la vida urbana.

Por eso, cuando una ciudad decide avanzar hacia la electromovilidad, no solo está tomando una decisión sobre energía o tecnología; está tomando una decisión sobre salud pública, competitividad, inclusión y resiliencia. La reducción de emisiones contaminantes tiene efectos directos en la calidad de vida, especialmente en niñas, niños, personas mayores, personas con enfermedades respiratorias y comunidades que viven o trabajan cerca de corredores de alto tráfico. A la vez, sistemas de transporte más modernos y confiables pueden mejorar la experiencia cotidiana de quienes dependen del bus para desplazarse.

Sin embargo, aunque los beneficios son cada vez más claros, la implementación no es automática. La experiencia regional muestra que el principal reto de la electromovilidad no es solamente tecnológico. La tecnología existe, ha sido probada y continúa mejorando. El desafío central está en la estructuración de proyectos viables, sostenibles, financiables y escalables en el tiempo.

El verdadero reto: estructurar proyectos viables

Electrificar una flota de transporte público requiere inversiones iniciales importantes: buses eléctricos, infraestructura de carga, adecuación de patios, gestión energética, sistemas de monitoreo, mantenimiento especializado y coordinación entre múltiples actores, entre muchas otras variables estructurales. En muchos casos, los operadores enfrentan grandes retos para asumir por sí solos estas inversiones, y las ciudades encuentran restricciones fiscales que dificultan cubrir de manera directa todos los costos de la transición.

Por eso, uno de los aprendizajes más relevantes de América Latina es que la electromovilidad necesita modelos de implementación distintos a los esquemas tradicionales. No basta con comprar buses eléctricos; es necesario construir condiciones institucionales, contractuales, financieras y operativas que permitan que esos buses funcionen bien durante muchos años.

La pregunta estratégica para las ciudades es “¿qué modelo necesitamos para que la electrificación sea sostenible, escalable y útil para mejorar el sistema de transporte?” y no únicamente “¿cuántos buses eléctricos podemos comprar?”.

En esa discusión aparecen elementos clave que son determinantes: contratos de largo plazo, fuentes de pago claras, asignación adecuada de riesgos, esquemas de remuneración vinculados a la disponibilidad y calidad del servicio, mecanismos de garantía, fideicomisos o estructuras de pago confiables, y una articulación sólida entre autoridades, operadores, financiadores, proveedores de infraestructura y ciudadanía.

También es fundamental reconocer que la electromovilidad cambia la manera de gestionar el transporte. Los buses eléctricos requieren una planeación operacional distinta: autonomía, tiempos de carga, ubicación de patios, capacidad de la red eléctrica, gestión energética, monitoreo de baterías y mantenimiento preventivo. Esto exige nuevas capacidades técnicas dentro de las ciudades y una coordinación más estrecha entre los sectores de movilidad, energía, planeación urbana y finanzas.

Cada ciudad necesita su propia hoja de ruta

Desde la cooperación con ciudades iberoamericanas, este enfoque resulta especialmente relevante. Cada ciudad parte de condiciones diferentes: demanda pública, tamaño de la flota, modelo de operación, disponibilidad de patios, madurez institucional, marco regulatorio, capacidad fiscal, fuentes de financiación y prioridades urbanas. Por eso, avanzar en electromovilidad requiere construir hojas de ruta adaptadas al contexto local, con criterios técnicos y estratégicos que permitan tomar mejores decisiones.

En este camino, el intercambio entre ciudades es una herramienta poderosa. Las experiencias de Bogotá y Santiago de Chile, por ejemplo, muestran que América Latina ya cuenta con aprendizajes concretos para escalar la electrificación del transporte público. En estos casos, la separación entre la provisión de los activos y la operación del servicio ha permitido distribuir mejor los riesgos, atraer inversión especializada y facilitar que los operadores se concentren en su función principal: prestar un servicio seguro, eficiente y de calidad.

Este tipo de modelos, inspirados en esquemas de provisión de material rodante utilizados en otros sectores de transporte, permiten que una empresa especializada asuma la inversión y gestión de activos como buses, cargadores y patios, mientras la autoridad conserva la capacidad de orientar el sistema y los operadores se enfocan en la operación. Así, la electrificación se entiende menos como una compra puntual y más como una estrategia de infraestructura de largo plazo.

Pensar los buses eléctricos como infraestructura crítica, y no solo como vehículos, ayuda a las ciudades a diseñar proyectos más robustos, atraer capital privado y proteger la continuidad del servicio público.

La cooperación entre CIDEU y VGMobility se inscribe precisamente en esa conversación: acompañar a los gobiernos locales y equipos técnicos en la comprensión de los componentes que hacen posible pasar de la visión a la implementación, creando las condiciones e incentivos necesarios. Esto implica combinar conocimiento técnico, análisis financiero, lectura institucional y aprendizaje aplicado entre pares. No se trata solo de promover una tecnología, sino de fortalecer capacidades a través de espacios de colaboración para la expansión del conocimiento, para que las ciudades puedan formular las preguntas adecuadas, evaluar alternativas y estructurar proyectos bajo las condiciones institucionales y contractuales necesarias para hacer financiables los proyectos y, como consecuencia, atraer la inversión necesaria.

De la visión a la implementación

El momento actual abre una ventana de oportunidad. Las ciudades ya no necesitan partir de cero: existen experiencias, modelos, aprendizajes y capacidades regionales que pueden orientar el camino. Pero sí necesitan construir condiciones propias para que la transición sea viable. La pregunta, entonces, no es si la electromovilidad llegará al transporte público urbano, sino cómo llegará, bajo qué modelos, con qué beneficios y para quiénes.

La electrificación del transporte público será verdaderamente transformadora si logra mejorar la vida cotidiana de las personas. Ese debe ser el centro de la estrategia: no solo mover buses con energía limpia, sino mover ciudades hacia un futuro más justo, sostenible y humano.

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Ciudades CIDEU, Formación

De la ciudad-máquina al taller: herramientas para reparar el futuro

La ciudad no es el problema

Las ciudades están viviendo un proceso de rápido crecimiento. Según UN Hábitat, cada vez hay más ciudades, y cada vez son más grandes. A menudo, se señala a las metrópolis como las principales culpables de la crisis climática, se estima que son responsables del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Pero es hora de cambiar la narrativa: la ciudad no es el problema, puede y debe ser la solución.

Desde un punto de vista ecológico, la compacidad urbana y la alta densidad son mucho más eficientes que el modelo de ciudad dispersa y suburbial del siglo XX. Una ciudad densa y mixta permite que los servicios básicos, la economía y el talento se concentren, reduciendo la huella de carbono por habitante y optimizando el uso de infraestructuras.

Pero la ciudad no es solo eficiencia. Es también diversidad. Es el lugar donde el encuentro con la “alteridad” puede generar innovación, cultura y nuevas formas de vida. La ciudad es nuestro mejor invento para gestionar recursos en un planeta finito; es el escenario donde pueden nacer nuevas ideas y soluciones, algunas, replicables a escala global.

El límite del modelo actual

Sin embargo, nos enfrentamos a retos climáticos y sociales que nos obligan a replantearnos algunos aspectos, y no todas las ciudades están igual de preparadas para ofrecer estas respuestas. El urbanismo funcionalista del s XX llevado al extremo, con la segregación de usos y el dominio del automóvil, ha potenciado las desigualdades, la contaminación y fenómenos como el efecto isla de calor.

Afrontar estos retos exige replantear la estructura de nuestras ciudades. Apostar por una ciudad más densa y diversa, pero también por una movilidad más limpia y eficiente. Implica, además, entender el verde no como un añadido, sino como una infraestructura capaz de gestionar el agua y regular el microclima. Y, sobre todo, requiere situar en el centro a los colectivos más vulnerables, desde quienes viven en asentamientos informales hasta niños/as y mayores.

El verdadero reto: el conflicto

Ahora bien, aquí reside el gran reto político y social: las transformaciones ambiciosas son, casi por definición, polémicas. Aumentar la densidad y la concentración de usos distintos puede hacer aflorar conflictos. Reducir espacio al automóvil para devolvérselo al peatón o para incrementar el verde urbano, choca con hábitos profundamente arraigados y con supuestos derechos largamente asumidos por la ciudadanía. El miedo al cambio, sumado a un momento de incertidumbre, crece y puede nublar cualquier visión de futuro, por muy bienintencionada que sea. Ignorar esta resistencia es condenar el proyecto al fracaso. Entenderla, en cambio, es el primer paso para avanzar.

El urbanismo no es solo una cuestión de trazar calles, es también gestionar conflictos. Y son más delicadas aun, las transformaciones del espacio público: escenario de la vida colectiva, pero también espacio de disputa.

Del plan al proceso: nuevas herramientas

En mi experiencia, y como se explora en el curso de CIDEU Herramientas para la transformación de las ciudades, no basta con saber “qué” ciudad queremos; hay que saber “cómo” llegar a ella. Existen una serie de herramientas, metodologías y enfoques, muchos procedentes de disciplinas tradicionalmente alejadas del urbanismo, que pueden facilitar estas transformaciones.

En mi opinión estas herramientas, nos obligan a salir de nuestra zona de confort, a rebasar los límites de nuestra experiencia profesional, a superar la lógica de compartimentos estancos de las administraciones y a abrir nuevas formas de pensar y trabajar.

Durante décadas, la planificación urbana se ha entendido como una disciplina rígida, funcionalista, basada en normas, estadísticas y planos, diseñada unidireccionalmente desde un despacho. Hoy, ese modelo, resulta insuficiente.

El taller como metáfora

A mí, me gusta imaginar que este despacho, que ha quedado obsoleto, se ha transformado en un taller de puertas abiertas, vibrante y compartido, desde el que se pueden acometer de forma colectiva estos nuevos retos. En este taller, las paredes están cubiertas de herramientas diversas y accesibles para todos/as. Hay herramientas de precisión, como el análisis de datos y la tecnología climática; herramientas flexibles, como el urbanismo táctico o la experimentación; y herramientas de mediación, como la narrativa o el diseño participativo.

En este taller, el/la urbanista ya no es el/la autor único, sino un/a facilitador/a que mantiene las herramientas afiladas y listas para ser usadas. Aquí, vecinos/as, técnicos/as, artistas, políticos/as…todos/as, nos manchamos las manos colectivamente. Es un espacio de trabajo donde la ciudad no se dicta, sino que se “fabrica” a través del diálogo y el ensayo.

Recuperar la dimensión artesanal

Richard Sennett, rescata la figura del artesano, quizá infravalorado en los tiempos de la confianza en la tecnología y la modernidad, y pone en valor el compromiso con el trabajo bien hecho, que requiere que la cabeza y la mano actúen juntas. El urbanismo del futuro tiene mucho de esta lógica. Debe alejarse de la frialdad y abstracción del plano para recuperar la maestría del taller, donde la técnica y la sensibilidad social se encuentran.

En paralelo, en el mundo del arte, también hay un ejercicio de reparación hacia la artesanía colectiva, que no deja de ser una reivindicación de un “hacer” manual, minucioso, que nos conecta con lo entendido hasta ahora como lo “femenino”, lo cotidiano; ámbitos históricamente infravalorados. En los últimos años, los museos se han llenado de texturas y saberes compartidos, con artistas como Joana Vasconcelos, Teresa Lanceta o Sheila Hicks, que han reivindicado esta sabiduría colectiva como una forma de arte.

De algún modo, este movimiento conecta con el urbanismo de género, que sitúa en el centro la vida cotidiana, los cuidados, el reconocimiento de la diversidad y la idea de comunidad.

La ciudad como proceso vivo

El curso Herramientas para la transformación de las ciudades trata de entender la ciudad como algo vivo, que se teje y se repara, donde el proceso es igual de importante que la transformación en sí misma, en lugar de entender la ciudad como algo que solo se planifica, se diseña, se construye y se termina.

Este enfoque es, en el fondo, una invitación. Una invitación a salir de ese despacho obsoleto, para entrar en un taller colectivo. Porque las soluciones no nacerán de un trazo solitario sobre un papel, sino de la inteligencia colectiva y el compromiso de quienes, juntos/a, nos atrevamos a Re imaginar el lugar que habitamos.

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Cooperación internacional para la financiación al desarrollo: lecciones aprendidas desde Medellín

En Medellín aprendimos algo fundamental: las transformaciones de ciudad se logran haciendo equipo, sumando capacidades y tomando decisiones conjuntas que mejoran la calidad de vida de la gente.

En los últimos años, la transformación de Medellín hacia la innovación social y urbana ha sido posible no solo por decisiones locales, sino por un trabajo sostenido basado en la confianza, el intercambio de conocimiento y la colaboración con aliados internacionales comprometidos con el futuro del territorio.

Por eso, cuando hablamos de cooperación internacional para la financiación del desarrollo, no lo hacemos desde la teoría. Hablamos desde la experiencia: desde proyectos concretos que hoy hacen parte de la cotidianidad de la ciudad, desde alianzas construidas a lo largo del tiempo y desde aprendizajes acumulados en más de dos décadas de internacionalización con sentido social.

De recibir cooperación a gestionar desarrollo con impacto en la gente

Durante los primeros años de este proceso, Medellín fue principalmente receptora de cooperación internacional. Agencias, gobiernos y organizaciones internacionales acompañaron iniciativas clave en movilidad, urbanismo social, educación e inclusión, especialmente en los territorios más afectados por la desigualdad.

Con el tiempo entendimos que el verdadero potencial de la cooperación no está solo en los recursos que llegan, sino en la capacidad de las ciudades para gestionar estratégicamente esos recursos y convertirlos en bienestar real para la ciudadanía.

Ese fue un punto de inflexión. Hoy, la cooperación internacional para la financiación del desarrollo implica mucho más que acceder a fondos: significa saber estructurar proyectos sólidos, articular actores públicos y privados, identificar socios estratégicos y alinear las prioridades del territorio con las agendas globales, siempre con un foco claro: mejorar la calidad de vida de las personas.

Cuando la cooperación se traduce en bienestar cotidiano

Para el ciudadano de a pie, la cooperación internacional se hace tangible cuando mejora su entorno, su movilidad, sus oportunidades y su bienestar. En Medellín, varios de los proyectos que hoy son referentes de ciudad han contado con acompañamiento, financiamiento o asistencia técnica internacional.

Procesos de urbanismo social, intervenciones integrales en barrios, el fortalecimiento del sistema de transporte público, proyectos de innovación social, programas de educación, cultura y empleabilidad, así como iniciativas de acción climática y sostenibilidad, han sido posibles gracias a alianzas internacionales bien gestionadas y alineadas con una visión de ciudad.

Más allá de los recursos financieros, estos proyectos han incorporado buenas prácticas globales, transferencia de conocimiento y modelos innovadores que hoy benefician directamente a miles de personas en su vida diaria.

¿Por qué la cooperación es estratégica para las ciudades?

Desde nuestra experiencia, hay algo claro: las ciudades estamos en la primera línea de los grandes desafíos globales —desigualdad, cambio climático, empleo, movilidad, seguridad y cuidado de las personas—, pero no siempre contamos con todas las herramientas para enfrentarlos solos.

En ese contexto, la cooperación internacional permite:

  • Ampliar el acceso a financiación para proyectos que generan impacto social.
  • Fortalecer capacidades institucionales para sostener los procesos en el tiempo.
  • Conectar con conocimiento global y acelerar soluciones probadas.
  • Construir confianza internacional, clave para atraer nuevas oportunidades.
  • Pasar de reaccionar a los problemas, a anticiparlos y planificar con visión de largo plazo.

Medellín hoy: cooperación alineada con prioridades sociales

Actualmente, Medellín prioriza la cooperación internacional en aquellos proyectos que generan impacto social directo y fortalecen el bienestar colectivo. Entre estos se destacan iniciativas relacionadas con:

  • Educación, primera infancia y juventud, como base de la movilidad social.
  • Empleo digno y desarrollo económico inclusivo, especialmente para poblaciones vulnerables.
  • Seguridad humana, convivencia y cultura de paz.
  • Acción climática, resiliencia y sostenibilidad urbana.
  • Innovación social y cuidado, con enfoque en equidad y reducción de brechas.
  • Fortalecimiento institucional y participación ciudadana.

Estos proyectos no se piensan de manera aislada, sino como parte de un modelo de desarrollo de ciudad-región que pone en el centro a las personas y sus territorios.

De proyectos aislados a ecosistemas que generan resultados

Uno de los aprendizajes más importantes ha sido entender que la cooperación más efectiva no se basa en proyectos individuales, sino en ecosistemas de colaboración. En Medellín, esto ha significado articular organismos multilaterales, agencias de cooperación, redes de ciudades, sector privado, academia y comunidades alrededor de propósitos comunes.

En temas como cambio climático, innovación, desarrollo social o transformación urbana, este enfoque ha permitido combinar financiación, asistencia técnica y transferencia de conocimiento para lograr soluciones integrales y sostenibles, con resultados visibles en el territorio.

Cooperar con visión de ciudad

Quizá el mayor cambio ha sido cultural: pasar de ver la cooperación como una oportunidad puntual, a entenderla como una estrategia estructural para el desarrollo de Medellín.

Esto implica invertir en capacidades, fortalecer equipos, generar información de calidad y tener claridad sobre hacia dónde va la ciudad. Porque cuando hay visión compartida, la cooperación se convierte en un motor de bienestar y transformación real.

Aprender, compartir y seguir haciendo equipo

En Medellín seguimos aprendiendo. La cooperación internacional para la financiación del desarrollo es un campo dinámico que exige innovación, adaptación y trabajo colaborativo constante.

Por eso, espacios como el taller “Cooperación internacional para la financiación del desarrollo” buscan fortalecer capacidades, compartir aprendizajes y acompañar a más ciudades y territorios que, como Medellín, quieren convertir la cooperación en oportunidades concretas para su gente.

Porque cuando las ciudades hacen equipo, el desarrollo se siente en la vida cotidiana de quienes las habitan.

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Ciudades

Gobernar territorios complejos: por qué necesitamos planificar más allá de los límites administrativos

Hace ya tiempo que venimos constatando que la vida urbana no se constriñe dentro de unos límites administrativos determinados. Lo que ocurre en un municipio afecta directamente a sus vecinos. Y viceversa.

La vida cotidiana de millones de personas transcurre en territorios complejos, interdependientes y en constante transformación, donde movilidad, empleo, vivienda o medio ambiente desbordan cualquier frontera municipal, regional e incluso nacional. En este contexto, pensar el futuro desde una única jurisdicción resulta, sencillamente, insuficiente.

Por eso, cada vez es más evidente que muchos de los grandes retos urbanos solo se pueden abordar desde la cooperación entre municipios. No se trata de perder identidad local, sino de sumar esfuerzos para ser más eficaces.

De hecho, en muchos lugares del mundo ya se están impulsando formas de gobernanza supramunicipal: espacios donde diferentes administraciones trabajan juntas, comparten objetivos y coordinan políticas.

Pero este tipo de colaboración no siempre es fácil. Requiere confianza, herramientas adecuadas y, sobre todo, una manera distinta de mirar el territorio.

Ante esta situación, ¿cómo anticipar los desafíos urbanos en territorios que funcionan como sistemas integrados? ¿Qué herramientas necesitamos para gobernar realidades metropolitanas o supramunicipales cada vez más complejas? Estas preguntas forman parte del núcleo del curso Planificación, prospectiva y gobernanza supramunicipal de CIDEU, una propuesta formativa que invita a repensar la planificación urbana desde una mirada estratégica, colaborativa y orientada al largo plazo.

Durante décadas, la planificación urbana se ha centrado en el ámbito municipal. Sin embargo, fenómenos como la expansión urbana, la transición ecológica, las desigualdades territoriales o la digitalización han puesto en evidencia la necesidad de nuevas escalas de acción. Hoy, las dinámicas urbanas requieren enfoques que integren múltiples municipios, actores y niveles de gobierno.

La gobernanza supramunicipal no es solo una cuestión institucional: es una condición necesaria para construir territorios más cohesionados, sostenibles e inclusivos. Desde áreas metropolitanas consolidadas hasta regiones urbanas emergentes, las experiencias internacionales muestran que la cooperación entre municipios permite optimizar recursos, alinear políticas públicas y afrontar retos compartidos con mayor eficacia.

Pero esta cooperación no surge de manera automática. Requiere capacidades técnicas, marcos de confianza y, sobre todo, una visión compartida de futuro.

En paralelo, la incertidumbre se ha convertido en un rasgo estructural de nuestro tiempo. Crisis climáticas, transformaciones económicas, cambios demográficos o innovaciones tecnológicas plantean escenarios difíciles de prever con herramientas tradicionales. Unos escenarios que, de nuevo, adquieren más sentido en una escala coherente con los impactos y con las respuestas más efectivas a los mismos, que es la de la ciudad real, no el término municipal.

Aquí es donde la prospectiva estratégica adquiere un papel central. No se trata de predecir el futuro, sino de explorarlo, imaginarlo y prepararse para distintos escenarios posibles.

Incorporar la prospectiva en la planificación urbana permite a las ciudades (y a sus territorios) pasar de una lógica reactiva a una lógica anticipatoria. Significa preguntarse no solo qué está pasando, sino qué podría pasar y, sobre todo, qué futuro queremos construir colectivamente.

En este sentido, la combinación de prospectiva y gobernanza supramunicipal abre un campo de enorme potencial: la posibilidad de diseñar estrategias territoriales compartidas, basadas en visiones de largo plazo y en procesos participativos.

A partir de estas premisas, el curso de CIDEU se plantea precisamente como un espacio de aprendizaje aplicado, dirigido a profesionales de administraciones públicas, equipos técnicos, académicos y personas interesadas en el desarrollo urbano sostenible.

A lo largo del programa, las y los participantes podrán:

  • Comprender los fundamentos de la planificación y la prospectiva.
  • Analizar modelos de gobernanza supramunicipal en distintos contextos.
  • Conocer las bases para el diseño de estrategias territoriales integradas y colaborativas.

Pero más allá de los contenidos, el valor diferencial del curso radica en su enfoque: aprender compartiendo experiencias y construir conocimiento colectivo desde la diversidad de realidades iberoamericanas.

En un mundo donde los desafíos urbanos son cada vez más interdependientes, generar espacios de aprendizaje compartido es, en sí mismo, una forma de avanzar hacia nuevas formas de gobernanza.

El curso Planificación, prospectiva y gobernanza supramunicipal es, en definitiva, una invitación a ampliar la mirada, a reconocer que los retos urbanos requieren respuestas colectivas, y a dotarse de las capacidades necesarias para liderar estos procesos desde las instituciones, la academia o la sociedad civil.

Participar en este curso es una oportunidad para adquirir herramientas, pero también para formar parte de una comunidad que comparte inquietudes, experiencias y aprendizajes.

Porque, en el fondo, se trata de algo más que planificación urbana. Se trata de cómo queremos vivir, cómo queremos organizarnos y cómo queremos afrontar los retos del futuro.

En un momento en que las ciudades están llamadas a ser protagonistas de las grandes transformaciones globales, apostar por la cooperación territorial y la anticipación estratégica no es una opción, es una necesidad.

¿Estamos preparados para gobernar territorios que ya funcionan como redes? ¿Sabemos cómo construir visiones compartidas de futuro? ¿Qué papel queremos jugar en esa transformación?

La respuesta empieza por formarse, compartir y atreverse a pensar más allá de los límites conocidos.

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Ciudades, Innovación

Los gemelos digitales como herramientas para la innovación y la sostenibilidad urbana

Las ciudades se enfrentan a desafíos crecientes: desde la falta de vivienda asequible y el aumento de la desigualdad, hasta la adaptación climática, la movilidad y el acceso a servicios esenciales. La necesidad de ciudades más inteligentes, sostenibles y conectadas nunca ha sido tan urgente.

Sin embargo, con demasiada frecuencia, las administraciones públicas y empresas suelen trabajar con bases de datos fragmentadas, análisis inconsistentes y herramientas limitadas para el diagnóstico territorial y el diseño urbano. El resultado de dicho estancamiento metodológico se traduce en incontables oportunidades perdidas, ineficiencias y una brecha entre la envergadura de los desafíos urbanos y la calidad de las soluciones implementadas.

En este marco, los gemelos digitales emergen como una herramienta poderosa para realizar diagnósticos y definir estrategias basadas en evidencia que tienen impacto directo en la calidad de vida de la ciudadanía.

Una plataforma para comprender, simular y transformar la ciudad

Un gemelo digital urbano es una plataforma de software que reproduce una réplica digital, tridimensional y dinámica de una ciudad o territorio. Apoyándose en modelos avanzados de ciencia de las ciudades, permite llevar a cabo diagnósticos territoriales precisos y proveer de indicadores y análisis orientados a mejorar la calidad de los procesos de toma de decisiones.  Entre sus aplicaciones se incluyen: criterios de diseño urbanístico, zonificación de actividades, reto de vivienda y acceso a servicios, movilidad y logística, así como la sostenibilidad urbana, entre otros ámbitos estratégicos. Su objetivo último es ampliar las oportunidades y elevar la calidad de vida de la ciudadanía mediante decisiones fundamentadas en evidencia científica.

En 2024 se presentó en Barcelona el gemelo digital urbano, diseñado por Aretian Urban Analytics and Design, con el apoyo de Barcelona Global y la Fundación Familia Torras Lombana.

El gemelo digital urbano de Aretian presta actualmente servicios a instituciones públicas como la Generalitat de Catalunya, el Área Metropolitana de Barcelona y el Ayuntamiento de Barcelona, así como a 160 municipios, empresas privadas y centros de investigación, conectando actores de distintos sectores para construir una visión compartida del territorio.

Aplicación del gemelo digital urbano de Aretian a cinco retos clave del Área Metropolitana de Barcelona

Se han desarrollado cinco casos de uso que ya están transformando la región metropolitana de Barcelona:

1. Vivienda: planificación estratégica a gran escala Tras analizar más de 753.000 parcelas, el gemelo digital urbano permite la planificación estratégica de 475.000 nuevas viviendas entre 2025 y 2050, proporcionando hogares de calidad para 700.000 ciudadanos en barrios vibrantes y bien conectados. El modelo de simulación, impulsado por algoritmos de inteligencia artificial, optimiza la asignación de nuevas viviendas, considerando forma urbana, densidades óptimas, tipologías residenciales, precios y usos del suelo.

2. Desarrollo económico: especialización inteligente y competitividad global El análisis de 443 clústeres industriales en 10 industrias y 848 subindustrias genera recomendaciones estratégicas para fortalecer la base productiva regional y aumentar su competitividad internacional. Los diagnósticos específicos a escala de parcela, permiten fortalecer la masa crítica, reforzar la competitividad de productos y cadenas de valor, así como diseñar políticas de renovación urbana adaptadas a cada zona industrial.

3. Economía del conocimiento: talento, innovación y prosperidad Evaluando 58 centros de investigación y 12 áreas de conocimiento, la plataforma conecta universidades, hubs de innovación y empresas para impulsar la colaboración y desbloquear el potencial innovador del territorio, con el objetivo de duplicar los salarios promedios en el plazo de 20 años.

4. Movilidad y seguridad: sistemas más eficientes y seguros Mediante modelos avanzados de análisis de oferta y demanda de transporte público, la plataforma optimiza los sistemas de movilidad para reducir tiempos de desplazamiento, accidentes y emisiones. El gemelo digital urbano orienta también la asignación estratégica de 500 nuevas cámaras de seguridad, ajustando la infraestructura a los patrones de movilidad previstos, desde el hogar a la oficina, a las escuelas, centros de salud o comercio, mejorando así la seguridad y eficiencia del sistema.

5. Diseño urbano y calidad de vida: hacia la ciudad de 15 minutos A través de diagnósticos morfológicos y de usos del suelo, el gemelo digital urbano redefine los estándares del diseño urbano: calles vibrantes, transitables y atractivas para los peatones, barrios conectados y acceso universal a servicios esenciales bajo el modelo de la ciudad de 15 minutos. La combinación de buenas prácticas de diseño, densidades óptimas, programación de actividades y recomendaciones específicas permite crear entornos urbanos atractivos, dinámicos y humanos que elevan la calidad de vida.

El futuro del desarrollo urbano no es una promesa: es una realidad en marcha

Los fuertes avances experimentados en el campo de la ciencia de las ciudades durante la última década permiten establecer una base sólida y rigurosa para el diseño de gemelos digitales urbanos. Obras como ‘City Science: Performance Follows Form’, que validan hipótesis de trabajo mediante evidencia empírica de 100 ciudades globales, permiten solidificar los principios sobre los que asienta un gemelo digital urbano.

La creación de un gemelo digital requiere de los siguientes pasos:

  • La construcción de una arquitectura de software rigurosa y escalable
    • Modelo fundamentado en la ciencia de las ciudades
    • Apoyado en evidencia empírica y trazabilidad de los datos
  • La creación de una base de datos bien estructurada, orientada al análisis
    • Bases de datos públicas
    • Bases de datos privadas
  • El diseño y cálculo de los indicadores de rendimiento (KPIs) que ilustran el estado de una determinada ciudad o territorio
  • La visualización de los resultados
    • Diagnóstico territorial
    • Identificación de objetivos
    • Simulación de escenarios
    • Recomendaciones estratégicas

Finalmente, es necesario acompañar el proceso con una debida formación en el campo del cambio cultural, así como el desarrollo de casos de estudio que permitan ilustrar cómo sacar partido de tan potente herramienta y metodología. Desde Barcelona y su Área Metropolitana, pasando por Boston, Amsterdam, Ciudad del Cabo, Río de Janeiro y la Ciudad de México, el gemelo digital urbano ya está transformando la manera en que planificamos, diseñamos y vivimos las ciudades.

Aretian Urban Analytics and Design, es una consultora de diseño y planificación urbana que ofrece análisis rigurosos y soluciones tecnológicas innovadoras. Fundada en 2018 por Ramón Gras, Aretian surgió de los Laboratorios de Innovación de la Universidad de Harvard.

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